
Viene de nuestro estático lugar de observadores. Va hacia delante, buscando allá algún otro barrio mejor enfocado que este.
Las manos en los bolsillos son señal de que no hay nada que llevar. O será un gesto autómata de desocupado. O será el simple e implacable frío de Lota.
Luego, el camino baja y baja, hasta un mar bravo donde zozobran las miradas.
En el trayecto, antes de perderse en una de esas nieblas, se sacará el sombrero y saludará a las amistades que se asomen por su ventanal.
Fotografía: Julio Castro
Texto:Pablo Padilla
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