
Los niños que esperan a que la Pequeña Gigante se despierte saben como resistirse a ese calor. Allá atrás del agua refrescante y la pileta, la muñeca ni se ve. Y mientras no despierte, los chicos siguen en su chapoteo, olvidados totalmente de que anda un monstruo destruyendo buses a través de la ciudad. Qué les va a importar a ellos. Tienen su piscina gratis, y por allí duerme un juguete que al despertar los hará sonreír un poco. Con eso basta, con eso sobra.
Fotografía: Fernando Fiedler
Texto: Pablo Padilla
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